
El Molino fue construido en 1785, con sólidos contrafuertes y simples balcones, característicos de la arquitectura arequipeña. Sus propietarios fueron, originalmente el arquitecto Francisco Flores, quien utilizó al Molino en su época de esplendor, cuando éste molía granos de cantidades inmensas, tanto de cebada como de maíz, y que luego serían enviados al sur, luego de esa época, el Molino fue propiedad de una compañía financiera, y finalmente termino en manos de Luis Felipe Calle, quien sería el encargado de realizar las modificaciones restauraciones que actualmente perduran.